La nostalgia es un puente entre el pasado y el presente, pero nunca un camino de regreso. — Khalil Gibran
El pasado tiene una forma peculiar de reaparecer cuando menos lo esperas. A veces llega como un susurro nostálgico, otras como una tormenta que amenaza con arrastrarte de vuelta a lo que creías haber dejado atrás. No importa cuánto avancemos, hay recuerdos que se quedan anclados en algún rincón de nuestra mente, esperando el momento oportuno para reclamar su lugar en nuestra historia.
Con el paso de los meses, un viejo amor reapareció en mi vida. Fue mi novio cuando tenía 15 años en Venezuela y me recordó que teníamos un viaje planificado a Bogotá. La idea siempre había sido reencontrarnos, recordar lo que sentíamos en aquel entonces y compartir, aunque ya no fuera el mismo sentimiento de años atrás.
El viaje fue excelente. Reservó un Airbnb en el edificio más alto de la ciudad, con una vista inigualable. Recorrimos museos, restaurantes, el Cerro de Monserrate, La Candelaria y muchos otros sitios divinos. Caminamos por las calles empedradas, dejando que la brisa fría de Bogotá nos envolviera en un aire de nostalgia. Reímos, hablamos de nuestras vidas, de los caminos distintos que tomamos y de lo que alguna vez soñamos juntos. Pero a pesar de la magia del viaje, me di cuenta de que no era lo mismo. Aún lo quería, pero no como antes, no con la intensidad que esperaba. Y sentía que él pensaba lo mismo sobre mí.
Durante mi estadía en Bogotá, aproveché para atender algunos asuntos de negocios relacionados con mi trabajo. Me reuní con clientes, tomé notas sobre nuevas estrategias y sentí, por momentos, que mi vida se había convertido en un constante ir y venir de responsabilidades. Sin embargo, lo que más me sorprendió fue recibir mensajes de la persona de Bucaramanga, al que llamaremos Fabián. Me escribía insistentemente, pidiéndome que volviéramos a intentarlo, asegurando que aún me amaba. Días antes ya lo había hecho, incluso rogándome que no viajara a Bogotá, que fuera a Bucaramanga en su lugar.
Leí sus mensajes en silencio, sintiendo un nudo en la garganta.
¿Era amor lo que sentía o solo la nostalgia de lo que pudo haber sido?
No estaba seguro de la respuesta, pero lo que sí sabía era que el pasado siempre encuentra la manera de alcanzarnos, aunque intentemos seguir adelante. Tal vez, algunas historias no necesitan un punto final, sino simplemente quedarse flotando en el aire, como un eco de lo que una vez fue.
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