Ir al contenido principal

¿Vivir? I

Se dice que el tiempo es un gran maestro; lo malo es que va matando a sus discípulos.

 

¡Llegó el sábado! 

Solía decir cuando era un pequeño infante. Lleno de ilusiones -que aún mantengo guardadas- y con todas las ansias de que llegara el día sábado, para poder descansar viendo "comiquitas" por la mañana, visitar a mis primas o simplemente ponerme la ropa de salir -aunque no saliera de casa-. Esa era mi vida, tan simple como estudiar y ser solo un niño feliz.

Pero... 

¡Llegó la adultez! 

Lo que tanto deseaba de adolescente, no era como pensaba. Y es que muchas personas me advirtieron que debía disfrutar esa etapa de mi vida porque más adelante, me iba a arrepentir de no haberlo hecho. 

Nuevamente, llegó el sábado. Pero ésta vez, ya no soy un niño -aunque en mí, permanezcan muchos sueños y anhelos-.

Suena la alarma de mi celular y yo, somnoliento, la apago. Me lavé los dientes, me bañé y luego fui a la cocina a preparar lo que me da, quizá, un poco de energía ¡CAFÉ!. 

En ese momento, no quise revisar las notificaciones de mi celular. Estaba en modo Zombie, no pensaba con claridad y solo actuaba por impulsos -o costumbre-. Tenía pensamientos sobre mi vida actual, sobre lo que quería ser y no era -aún-, sobre la responsabilidad que siempre tenía sobre mis hombros y sobre las decisiones, buenas, que no tomé en su tiempo. Todo esto, a la vez cuál tornado mental que invade los espacios de tu tranquilidad y los oscurece. 

Pero sucedió algo. Que quizá, cambiaría mi estado de ánimo. 

Era al rededor de las 12:00m, y me escribe de manera incesante -como siempre lo hace- mi amigo Héctor:

-Nenaa... Mor... Te tengo una noticia -decía el WhatsApp-

-Dime mor, cuál es la noticia? -contesté-

Me dice algo que, me llenó la mente de mucha curiosidad. Y es que él, había conocido a alguien en una aplicación de citas. 

No suelo hacer lo que otros hacen, pero ante la posible ausencia de atención, no esperé más y pensé que necesitaba distraerme un rato, así que, me cree una cuenta en esa app de citas. 

¡Me escribieron muchos hombres! 

Y no es para menos. Pensé que sería interesante subir una foto nude artística, dónde posaba frente a una ventana, totalmente desnudo, haciéndose visible todo mi cuerpo, mis estrías y mis nalgas. Todo esto en blanco y negro. Supuse que, por esa razón, tenía muchos mensajes. Pero ninguno era lo que buscaba. Jóvenes ansiosos de sexo y viejitos morbosos que solo preguntaban mi rol. ¡Que pereza la pregunta del "rol"! 

Pero, alguien totalmente diferente, se dirigió hacia mi de manera muy educada, con una ortografía excelente -algo que me parece sexy-, ¡Y no me preguntó el rol! 

Revise su perfil, y quedé bastante sorprendido. Era un hombre guapo, con una barba que me encanta y que imaginé frotando sobre todo mi cuerpo y con el que imaginé, una vida entera. Pero claro, solo era una imaginación -¿o tal vez no?- . 

Tuvimos una conexión casi instantánea. De esas dónde te provoca seguir escribiendo por horas, luego de charlar sobre nosotros, sobre nuestros anhelos y proyectos. 

Estaba conmocionado. No sabía que hacer, ni que decirle, ni como hablar, porque me gustaba. ¿Cómo es posible?  

Una vez cambiamos de plataforma para charlar, pedí que me enviara una nota de voz, porque quería escuchar lo que, de manera dulce, educada y romántica declaraba.

¡Y caí! 

Caí rendido con su tierna, varonil y a la vez dulce voz. Sentí que había llegado lo que tanto anhelaba hace mucho tiempo. Un romántico empedernido que me enamore cada día con palabras, acciones y hechos. Al que yo, le importe realmente. 


Estamos pronto a vernos y siento mucha ansiedad y miedo a la vez, de que todo esto que estoy escribiendo en este momento, no sea la realidad que tengo en mi mente. 

Aún así -y como siempre-, espero dar lo mejor de mí, para que sienta tranquilidad, amor y apoyo en su vida. Y que si algún día, somos esposos, sienta alegría de llegar a casa y encontrarme allí. 

Se que para muchos, es bastante apresurado todo esto. Pero el tiempo es algo que no se puede recuperar. Y si pensamos que algo no puede ser, ¿Por qué no dejamos el miedo a un lado y experimentamos? 

De eso se trata la vida, de ¡VIVIRLA!. De aprender de las experiencias y de aprovechar el tiempo finito que tenemos en este mundo terrenal. 














Comentarios

Entradas más populares de este blog

Niña: memorias de una reina felina

  ¿Vivir... con ella? I Nunca imaginé que un maullido tímido en medio de una cajita de cartón marcaría tanto mi historia. En ese entonces, Marlon y yo apenas comenzábamos a compartir techo, espacio, y lo que creíamos sería una vida juntos. Él, con su amor por los gatos —ese amor que nunca pudo materializar en una infancia sin felinos— me hablaba de lo mucho que deseaba tener uno. Yo lo escuchaba, casi por costumbre. A mí, los gatos nunca me habían provocado mayor cosa… hasta que apareció ella. Fue una casualidad de las que parecen guionadas. Caminando por el centro, me crucé con un amigo de esos que la vida coloca sin previo aviso. Me dijo que tenía unos gatitos en adopción. Sin pensarlo, como si algo en mí supiera que debía hacerlo, le dije que sí. Me condujo hasta su casa y allí estaban: pequeños universos peludos, moviéndose entre sí. Pero hubo una… una que no dudó. Se acercó sin reservas, como si ya me conociera, como si me hubiera estado esperando. Jugó conmigo sin presentacio...

¿Comenzar? I

  2025 comenzó con una energía extraña. De esas que no sabes si te empujan o te detienen, una mezcla de incertidumbre y un miedo que parece venir de dentro, algo que no terminas de entender, pero que está ahí, acompañándote en silencio. A pesar de eso, traté de no dejar que me consumiera del todo. Intenté, como pude, disfrutar los momentos, las risas, las compañías. El primer día del año lo pasé en una piscina, algo tan sencillo pero tan necesario. Hacía meses que no iba, y ese pequeño cambio de rutina me hizo sentir más ligero, más presente. La compañía de mis amigos, el agua fría y las conversaciones despreocupadas fueron un buen inicio, aunque el miedo y la incertidumbre seguían rondándome, como una sombra que nunca se termina de disipar. Después, por primera vez en siete años, me atreví a vivir los carnavales. Una parte de mí sentía que ya no eran para mí, pero Héctor, mi amigo, insistió. Bailamos en pleno parque de San Agustín, rodeados de música y risas desconocidas, como si ...