2025 comenzó con una energía extraña. De esas que no sabes si te empujan o te detienen, una mezcla de incertidumbre y un miedo que parece venir de dentro, algo que no terminas de entender, pero que está ahí, acompañándote en silencio. A pesar de eso, traté de no dejar que me consumiera del todo. Intenté, como pude, disfrutar los momentos, las risas, las compañías.
El primer día del año lo pasé en una piscina, algo tan sencillo pero tan necesario. Hacía meses que no iba, y ese pequeño cambio de rutina me hizo sentir más ligero, más presente. La compañía de mis amigos, el agua fría y las conversaciones despreocupadas fueron un buen inicio, aunque el miedo y la incertidumbre seguían rondándome, como una sombra que nunca se termina de disipar.
Después, por primera vez en siete años, me atreví a vivir los carnavales. Una parte de mí sentía que ya no eran para mí, pero Héctor, mi amigo, insistió. Bailamos en pleno parque de San Agustín, rodeados de música y risas desconocidas, como si el mundo solo existiera ahí, en ese momento. Estuvimos en Villanueva también, hasta que la policía nos dispersó con gas lacrimógeno, como si no hubiera suficiente caos en el aire. Aun así, entre reinados de carnaval, conciertos y locuras, intenté disfrutar. Y lo hice. Pero esa sensación de miedo y de incertidumbre seguía acechando, como un ruido de fondo que no se va.
El segundo día de carnaval, todo cambió un poco. Conocí a alguien. Un chico. De esos que llegan sin anunciarse, pero con una energía que de inmediato te mueve algo dentro. Fue un encuentro inesperado, breve, pero suficiente para dejarme con la sensación de que había algo más por descubrir. Él era diferente, o al menos, eso parecía. Su sonrisa, su forma de hablar, la manera en que parecía pertenecer al caos y a la calma al mismo tiempo... No sé bien cómo explicarlo, pero hay una historia ahí, una que merece ser contada.
A veces, el comienzo de un año no es un borrón y cuenta nueva, sino una continuación de todo lo que llevas dentro. Pero, quizás, entre los bailes, las risas y las miradas inesperadas, encuentres pequeñas razones para seguir adelante, incluso cuando el miedo sigue ahí, observando desde lejos.
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