A veces, el mayor aprendizaje llega cuando todo parece estar en su lugar, pero en realidad, es cuando más necesitamos descubrir quiénes somos en medio del caos.
2024 fue un año extraño, uno de esos en los que sientes que el tiempo no pasa pero, a la vez, no puedes creer lo rápido que se fue. Fue un año de altos y bajos, de momentos de crisis emocional tan intensos que, a veces, me sentía perdido entre ellos, sin saber si realmente estaba viviendo o solo sobreviviendo. Como una especie de vacío que no se llenaba con nada.
Hubo días en los que todo parecía desmoronarse: mis pensamientos, mis sentimientos, incluso mis planes. Todo se sentía incierto. En esos momentos, me preguntaba si realmente era capaz de manejar lo que me estaba pasando, si alguna vez encontraría paz. La ansiedad se apoderaba de mí, me hundía en un mar de dudas sobre mi futuro, sobre mis decisiones. Era como estar atrapado en un ciclo interminable de preguntas sin respuesta.
Pero a pesar de todo eso, hubo algo que me sostuvo. Personas. Mi amigo Héctor, por ejemplo, estuvo ahí sin entender mucho, sin saber cómo ayudarme realmente, pero solo con su presencia y sus palabras sencillas, me hacía sentir que no estaba solo. Y Marlon, mi ex, a quien de alguna forma aún no puedo soltar del todo, también estuvo. No sé si por costumbre o por cariño, pero siempre hubo algo que me hizo pensar que no todo estaba perdido.
Al mismo tiempo, me encontré trabajando más de lo que imaginaba. Llegué a tener hasta tres trabajos a la vez, porque, de alguna manera, pensaba que entre más hacía, más controlaba. Pero pronto me di cuenta de que lo único que estaba controlando era el agotamiento. La presión se acumulaba, las horas de descanso se volvían escasas, y la sensación de estar corriendo todo el tiempo, sin un destino claro, me consumía. El dinero nunca parecía suficiente, y aunque a veces pensaba que estaba avanzando, siempre había una parte de mí que sentía que estaba dando pasos en falso.
2024 fue un año de muchas enseñanzas, de aprender a caer y levantarse, de entender que las metas no siempre se cumplen como planeas, pero que las lecciones de los fracasos son las que realmente te definen. Hubo sueños que no logré alcanzar, pero también otros que sí. No todo salió mal, y eso me recordó que hay días grises, pero también hay días soleados, aunque a veces los olvidamos en medio de la tormenta. Aprendí a aceptar mis límites, a ser más amable conmigo mismo, y a entender que la vida no siempre es un camino recto, pero eso no significa que no llegue a algún lugar que valga la pena.
En este caos que fue el 2024, me di cuenta de algo: las crisis emocionales, los trabajos agotadores, las metas no cumplidas, todas esas cosas, al final, son solo partes de la historia. Lo que realmente importa es cómo sigues adelante a pesar de todo, cómo encuentras la fuerza en los momentos más oscuros, y cómo, incluso cuando te sientes perdido, hay algo dentro de ti que te impulsa a seguir buscando.
Se nota que ese año fue una montaña rusa para ti, con momentos en los que parecía que todo se desmoronaba y otros en los que, a pesar de todo, encontraste algo o alguien que te sostuvo. Me gustó cómo lograste plasmar esa sensación de vacío y el intento de llenarlo con trabajo, con compañía, con lo que fuera (aunque quizá sin el resultado esperado). A veces parece que hacer más nos da control, pero al final solo nos desgasta. Ojalá que este 2025 sea un año más ligero para ti, con menos dudas y más certezas. Sigue escribiendo, que lo haces muy bien. Yo estaré esperando ansioso leer un nuevo relato 💗
ResponderBorrar